Creando conversos

creando conversos entrenamientos
Hablemos de casos reales, que se que hay muchas personas a las que le gustan esas historias estilo reality show. Voy a hablar de mi compañera de trabajo, entrenada mía y a pesar de todo amiga, Beth.

Hace poco más de un año que empecé a llevar los entrenamientos de Beth. Para desgracia de ambas, porque lo pasaríamos en grande, no vivimos en la misma ciudad y de hecho coincidimos una o dos veces al año, así que nuestra relación se sustenta a base de emails, Skype y algún que otro vídeo de Youtube. Pero a pesar de todo y aunque a algunos le cueste creerlo no sólo seguimos progresando en los entrenamientos si no que además funcionan en cuanto a resultados y sobre todo en cuanto a cambios de hábitos, que es lo más importante.

Beth ha hecho siempre deporte, esgrima, patinaje… no partí de cero, y antes de llevarle yo los entrenamientos la entrenaba otro compañero (gracias Álex), pero sí me confesó un día que el tema del gimnasio nunca había sido de su agrado totalmente, y que no solía durar más de 2-3 meses.

A día de hoy llevamos un año entrenando y creo que la satisfacción más grande que pude recibir fue un mensaje suyo en que me explicaba que una de las sesiones iba a hacerla con una amiga suya que no entrenaba. Sólo algunos pocos sabemos la sensación de éxito como entrenador que da una noticia así: que un cliente no solo haya interiorizado los beneficios de la actividad física si no que además se disponga a compartirlos con su prójimo supone haber conseguido el fin último, cambiar hábitos y la vida de alguien.

La actividad física te puede cambiar la vida

Sí, lo de “cambiar la vida de alguien” suena muy hiperbólico, pero es así y ahí tenemos ejemplos como el de Rosa de España que después de años de entrenamiento (y algo de Photoshop) sale en una revista masculina luciendo curvas (1). En ámbitos más de andar por casa, he conocido a varios clientes de centros deportivos que se han olvidado de sus dolores de espalda, del sobrepeso, de complejos de inferioridad, etc. Y por supuesto hay ejemplos que ponen los pelos de punta como el de Chadia Chaouch, una mujer que padeció cáncer de mama y encontró en el running una vía de superación de los efectos secundarios de esta enfermedad (2).

Cambiar la vida de alguien con la actividad física, al menos en lo que a mí respecta, va mucho más allá de que baje tallas de ropa, se le marque la musculatura e incluso que supere una prueba deportiva o unas oposiciones. La actividad física debería ser imprescindible, como comer o dormir, una necesidad básica que nos aporta endorfinas, bienestar, salud y energía; una actividad que nos enseña valores como la disciplina, la superación y el respeto por otros practicantes.

La motivación es importante

Beth me contaba que había días en que, como nos pasa a todos, tiene motivos para no entrenar o no completar la sesión, pero en vez de contabilizarlo como fracaso, a día de hoy no me preocupa y lo cuento como éxito porque a los pocos días recupera las sesiones y disfruta más del entrenamiento. Hemos llegado al punto de sentirse mal si no entrena y evidentemente no por mí, si no por ella porque es la última responsable de llevar a cabo los ejercicios y cumplir consigo misma y con sus objetivos. Es lo que se conoce como motivación intrínseca (3), cuando la estimulación parte del individuo porque reconoce que lo que está haciendo redunda en su beneficio.

Cada mensaje que Beth me envía para ajustar mejor el entrenamiento, darme opciones de ejercicios o pidiéndome que introduzca determinados equipamientos me llena de orgullo y satisfacción: orgullo por ella y lo que ha conseguido a base de disciplina y satisfacción en parte también para mí que he conseguido crear una nueva fan de la práctica deportiva.

Bibliografía

(1) http://www.actasanitaria.com/utilizar-la-enfermedad-para-mejorar-como-personas-mensaje-en-el-dia-mundial-contra-el-cancer/

(2) Psicología del deporte. Conceptos y sus aplicaciones, Richard Cox, ed. Panamericana, Madrid 2009.