De pico en pico

Anticipo, haciendo el chiste fácil, que el post de hoy no habla de dopaje, voy a hablaros de una de las carreras que bajo mi punto de vista es una de las más emocionantes que tenemos en España: la Ruta de las Fortalezas de Cartagena [1].

Esta prueba consiste en un recorrido no competitivo de 53 km por las fortalezas o baterías militares de Cartagena en el cual se llega a un desnivel acumulado de más de mil quinientos metros. Así dicho da la impresión de que no es para tanto, porque ahí están las pruebas de Ironman, el Desafío Doñana [2] y por supuesto los 101 de Ronda [3] que es de locos, pero ya que tuve la inmensa suerte de participar en la edición de 2013 sentía que tenía un post pendiente para esta carrera.

Como otras pruebas de nuestra geografía, la RDLF tiene un pasado militar y de hecho la Armada Española es uno de los organizadores de esta carrera junto con el Ayuntamiento de Cartagena. Participa activamente la Escuela de Infantería de Marina para asegurar la atención a los más de 3.500 corredores que se dan cita cada año en este gran evento, y realmente hacen una gran labor de asistencia en esos tramos en que es imposible dar dos pasos iguales y por supuesto con el rancho de la llegada, esos magníficos macarrones con tomate que saben a gloria después de 12h a base de fruta, agua, almendras y poco más.

La carrera

carreras de pico en pico
Como decía se trata de una prueba no competitiva, el reto está en terminarla en menos de doce horas e insisto en que no es tan fácil como parece a pesar de que los ganadores de cada año la acaben en unas cuatro horas. El año que pude participar tardé poco menos de diez horas en completar el recorrido y lo pasé realmente mal, en mi opinión es una prueba más mental que física, porque si no hubiera sido por mi cabeza (y mi cabezonería) hubiera abandonado.

El inicio de la carrera es sencillo, hay unos tres kilómetros de llano hasta llegar a la primera subida, pero lejos de ser fácil, resultó que el camino era más escarpado de lo que esperaba y agradecí mucho haberme comprado un bastón de montaña. Subíamos andando enchufadas al mp3 para aislarnos de todo, hasta de nuestras sensaciones físicas, y bajábamos trotando para acelerar nuestro ritmo de carrera. Una vez has subido y bajado los dos primeros picos, parece que ya has entrado en calor, que estás mentalizado para seguir, pero cuando llevas cuatro (km 26) empiezas a preguntarte qué carajo haces ahí y qué necesidad tenías de estar pasándolo tan mal.

Aproximadamente en el kilómetro treinta, cuando llevábamos unas cinco horas de pateo, empezaron a darme calambres en la pierna izquierda, calambres desde la cadera hasta la rodilla que mi fisioterapeuta a día de hoy contempla como punto de partida de una molestia que tengo ahora de vez en cuando. Por si no fuera suficiente, tuve una ampolla en el talón derecho por lo que recorrí unos veinte kilómetros casi sin apoyar el talón de ese pie y como es lógico me llevó a una magnífica rotura de fibras del gemelo.

Momentos difíciles

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Gracias a que mi amiga Mª José, que ya es una rutera experta, me cedió su bastón, pude acabar el último pico, el Roldán: nunca olvidaré el cabreo con el que subí esa pared, estaba enfadada con los militares por ocurrírsele esa chaladura de carrera y permitir que personas normales participáramos, enfadada con otros participantes que me cortaban el ritmo, enfadada con aquellos que sí podían seguir adelante mientras yo me veía obligada a descansar, muy, muy enfadada, tanto que hasta rechazaba las asistencias de los soldados y no dejaba ni que me tocaran (ahora me río, pero en aquel momento sólo quería repartir bofetones).

Sufrí mucho esa última subida, he de reconocer que lloré, del dolor de los calambres, de sentirme impotente, de pensar que no podría acabar la ruta… pero más lloré cuando crucé la línea de meta antes del tiempo que me había marcado. De hecho incluso me paré para darle la cámara de fotos a Mª José, esos últimos veinte metros eran algo ridículo comparado con lo que llevaba en las piernas. Aún me emociono al recordar las sensaciones de aquel día. Diez horas caminando sin parar, sin comer en condiciones, sin ir al baño, sin pensar en absolutamente nada y a la vez en todo… aunque en aquel momento juré que no volvería a hacerla lo cierto es que acabarla te hace sentir muy bien y por eso estoy ansiosa porque me confirmen que tengo dorsal para la edición de este año. Deseadme suerte.

Referencias

[1] http://www.rutadelasfortalezas.es

[2] http://www.desafiodonana.com

[3] http://www.lalegion101.es